
Campo de refugiados en Somalia. El desplazamiento forzoso es una parte de la migración africana, y la mayoría de las personas desplazadas permanece dentro del continente. Imagen de dominio público de la Misión de la Unión Africana en Somalia.
La migración africana suele discutirse en Europa como si fuera sobre todo un movimiento hacia el Mediterráneo. Ese enfoque deja fuera la parte más importante del fenómeno. La mayor parte de la migración africana ocurre dentro de África. Buena parte de ella es movilidad ordinaria: personas que trabajan, comercian, estudian, se reúnen con familiares o buscan protección cerca.
El Informe sobre las Migraciones en el Mundo más reciente, publicado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en mayo de 2026, estimó que había unos 304 millones de migrantes internacionales en el mundo a mediados de 2024. Esa cifra equivalía a alrededor del 3,7% de la población mundial. África representaba aproximadamente una décima parte del stock migratorio global, aunque los patrones del continente cambian mucho de una subregión a otra.
La migración regional viene primero
Dentro de África, la proximidad influye en los desplazamientos. Es más probable que una persona se traslade a un país vecino que cruce un desierto, un mar y varios sistemas jurídicos. En África Occidental, las reglas de libre circulación de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) han sostenido durante décadas el comercio y la movilidad laboral. En África Oriental, los acuerdos de mercado común y las redes familiares conectan la región de los Grandes Lagos con Sudán del Sur y la costa del océano Índico. En África Austral, Sudáfrica sigue siendo el principal polo económico para trabajadores de países cercanos.
Ese patrón regional no significa que migrar sea fácil. Los cierres de fronteras durante la pandemia de Covid-19 mostraron cómo pueden interrumpirse los medios de vida cuando trabajadores estacionales, comerciantes y comunidades pastoriles no pueden circular. En el Sahel, la inseguridad ha vuelto más peligrosa la movilidad cotidiana. Aun así, la migración regional sigue siendo la capa básica de la migración africana: conecta mercados laborales, ciudades fronterizas, zonas que reciben refugiados y familias repartidas entre Estados vecinos.
Principales orígenes y destinos
Entre los mayores países africanos de origen figuran Egipto, Sudán y Marruecos, junto con Sudán del Sur, la República Democrática del Congo (RDC) y Nigeria. Burkina Faso, Somalia, Argelia y Zimbabue también tienen poblaciones emigrantes numerosas. Estos casos no siguen un único modelo. La migración egipcia está muy vinculada a los mercados laborales del Golfo. La migración marroquí y argelina refleja lazos antiguos con Europa, especialmente con Francia y España. En cambio, los movimientos procedentes de Sudán, Sudán del Sur, la RDC y Somalia están profundamente marcados por guerras y desplazamiento forzoso.
Los países de destino también son variados. Sudáfrica recibe muchos migrantes de otras partes del continente por su mercado laboral más amplio. Costa de Marfil y Ghana reciben movimientos significativos en África Occidental, mientras Kenia, Uganda, Etiopía y Tanzania cumplen papeles similares en el este. En el Norte de África, Libia ha sido durante mucho tiempo destino y país de tránsito, aunque los conflictos, los abusos en centros de detención y las redes de contrabando han hecho que la ruta sea especialmente peligrosa.
Por eso, África no debe tratarse solo como un continente de emigración. Muchos países africanos son origen, destino y tránsito al mismo tiempo. Un comerciante nigeriano en Ghana, una refugiada sursudanesa en Uganda, un trabajador congoleño en Sudáfrica y un marroquí residente en España pertenecen al mismo tema general, pero no a la misma historia migratoria.
Trabajo, demografía y remesas
El trabajo es una de las razones más fuertes para migrar. Las diferencias salariales entre países crean incentivos para desplazarse, y la presión demográfica aumenta la importancia del tema. El Banco Mundial estima que 1.200 millones de jóvenes de países en desarrollo se incorporarán a la población en edad de trabajar durante la próxima década, con una presión especialmente alta para crear empleo en África Subsahariana y Asia Meridional.
La migración laboral bien gestionada puede ayudar cuando conecta trabajadores con una demanda real en el exterior sin privar a los países de origen de competencias esenciales. Canadá y Kenia, Italia y Túnez, así como otros países, han probado alianzas de formación que preparan trabajadores para mercados laborales nacionales y extranjeros. Estos acuerdos siguen siendo limitados, pero muestran por qué las vías legales de migración no son solo una cuestión humanitaria. También pueden ser política laboral.
Las remesas son el lado financiero de este movimiento. La OIM estimó que las remesas globales llegarían a unos US$ 905.000 millones en 2024, incluidos US$ 685.000 millones destinados a países de ingresos bajos y medios. En África, Egipto y Nigeria están entre los mayores receptores en términos absolutos. Marruecos, Kenia y Ghana también reciben flujos elevados. En economías más pequeñas o frágiles, las remesas pueden ser aún más importantes como parte del ingreso nacional. Somalia es un ejemplo claro: el dinero enviado por familiares en el exterior ayuda a pagar alimentos, escuela, salud y pequeños negocios.
Sin embargo, las remesas no sustituyen a la política de desarrollo. Sostienen hogares, pero no construyen por sí solas tribunales, puertos, escuelas, redes eléctricas o finanzas públicas estables. Además, el costo de enviar dinero sigue siendo alto en muchos corredores africanos, lo que reduce la cantidad que llega a las familias.
Desplazamiento forzoso
El desplazamiento forzoso es la parte más dura de la migración africana. El informe Tendencias Globales 2024, de ACNUR, estimó que más de 123 millones de personas estaban desplazadas por la fuerza en el mundo a fines de 2024. Sudán se convirtió en una de las mayores crisis de desplazamiento del planeta tras la guerra civil iniciada en 2023. La RDC, Sudán del Sur y Somalia también siguieron siendo grandes orígenes de refugiados y desplazados internos.
La mayoría de los africanos desplazados no va a Europa. Por lo general, permanece dentro de su propio país o cruza a un Estado vecino. Uganda acoge a muchos refugiados de Sudán del Sur y de la RDC. La guerra en Sudán ha empujado personas hacia Chad, Egipto, Etiopía y Sudán del Sur, además de desplazar a millones dentro del propio Sudán. En la región de los Grandes Lagos, el conflicto en el este de la RDC ha creado ciclos repetidos de huida, retorno y nuevo desplazamiento.
El desplazamiento interno merece atención propia porque suele recibir menos cobertura que el movimiento transfronterizo. El Centro de Monitoreo del Desplazamiento Interno estimó que 38,8 millones de personas vivían en desplazamiento interno en África Subsahariana a fines de 2024, alrededor del 46% del total global. Los conflictos causaron gran parte de ese desplazamiento, pero los desastres también obligaron a muchas personas a abandonar sus hogares.
Rutas hacia Europa y el Golfo
Algunos migrantes africanos se desplazan fuera del continente. Los corredores del Norte de África hacia Europa están entre los más antiguos y visibles. Los movimientos de Marruecos a Francia, de Marruecos a España y de Argelia a Francia reflejan geografía, historia colonial, contratación laboral y redes familiares. Las rutas de Egipto a Arabia Saudita y de otros países africanos hacia el Golfo están más vinculadas al empleo.
Las rutas peligrosas reciben atención porque el costo humano es alto. Quienes intentan llegar a Europa pueden cruzar el Sahara, pasar por Libia o Túnez e intentar atravesar el Mediterráneo Central. Otros salen de África Occidental hacia las Islas Canarias por la ruta atlántica. En África Oriental, muchos etíopes, eritreos y somalíes viajan por Yibuti o Somalia hacia Yemen, con la esperanza de llegar a los mercados laborales del Golfo.
El peligro de estas rutas surge de las condiciones del desplazamiento. Las opciones regulares escasean, los documentos son difíciles de obtener, los ingresos son bajos, y la violencia o la presión familiar pueden hacer imposible quedarse. El informe de 2026 de la OIM plantea un punto claro de política pública: restringir las vías regulares muchas veces desplaza el movimiento hacia rutas más irregulares.
Presiones climáticas y desastres
El cambio climático ya afecta la movilidad en África, pero debe describirse con cuidado. Rara vez actúa solo. Sequías, inundaciones y tormentas interactúan con conflictos, disputas por la tierra, servicios públicos débiles y pobreza. Un agricultor que se marcha después de sequías repetidas también puede estar respondiendo a deudas, inseguridad o al colapso de un mercado local.
El Cuerno de África muestra esta superposición. La sequía puede destruir rebaños y cultivos, mientras el conflicto limita el acceso a la ayuda y dificulta la recuperación. En Mozambique, los ciclones y la violencia en Cabo Delgado han contribuido al desplazamiento. En el Sahel, la presión sobre tierra y agua se suma a disputas entre agricultores, pastores, grupos armados y autoridades estatales.
La mayor parte del movimiento ligado al clima probablemente seguirá siendo interno o regional. Esa distinción orienta la política pública hacia adaptación, seguridad local, gestión del agua, planificación urbana y protección social.
Conclusión
La migración africana se entiende mejor como varios sistemas conectados. La movilidad laboral regional vincula economías vecinas. Las remesas conectan familias con parientes en el exterior. Las guerras en Sudán, la RDC, Sudán del Sur y Somalia producen desplazamiento a gran escala. Las rutas norteafricanas y atlánticas hacia Europa generan presión política porque son visibles y letales, mientras las rutas del Cuerno de África hacia el Golfo muestran que Europa no es el único destino externo.
La migración ya ocurre, aunque sigue representando una pequeña parte de la población mundial. La pregunta más difícil es si los Estados la gestionarán mediante vías regulares y acuerdos laborales, apoyados por sistemas de protección y cooperación regional, o si dejarán a los migrantes en manos de contrabandistas, centros de detención y travesías peligrosas.