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Cumbre de la Tierra (Río 92): resultados, Agenda 21 y legado

Foto panorámica de un gran auditorio durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo en 1992, en Río de Janeiro. El evento muestra un escenario con varios representantes, mayoritariamente hombres, sentados detrás de mesas con micrófonos y placas de identificación. En el centro, un hombre está hablando en el podio. La audiencia está compuesta por una gran cantidad de delegados sentados, prestando atención al discurso.

Discurso en la CNUMAD, que impulsó el concepto de desarrollo sostenible en la diplomacia internacional. Imagen por autor desconocido, bajo licencia CC BY-SA 4.0.

La Cumbre de la Tierra de 1992, también llamada Río 92 o CNUMAD, fue la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, celebrada en Río de Janeiro del 3 al 14 de junio de 1992. Vinculó la protección ambiental con el desarrollo económico, la financiación, la transferencia de tecnología y la reducción de la pobreza. Sus principales resultados fueron la Agenda 21, la Declaración de Río, la Declaración de Principios sobre los Bosques, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Convenio sobre la Diversidad Biológica.

Río 92 adoptó un conjunto de principios, planes de acción, convenciones y mecanismos de seguimiento. Por eso, su importancia no se limita a una declaración concreta: la conferencia ayudó a convertir el desarrollo sostenible en una referencia central para la gobernanza global.

Resumen

  • La Cumbre de la Tierra fue una conferencia de la ONU sobre medio ambiente y desarrollo, realizada en Río de Janeiro entre el 3 y el 14 de junio de 1992.
  • Su objetivo central fue vincular la protección ambiental con el desarrollo, en vez de tratarlos como agendas separadas.
  • Sus documentos más importantes fueron la Agenda 21, la Declaración de Río y la Declaración de Principios sobre los Bosques.
  • También dio impulso a la cooperación internacional sobre clima y biodiversidad mediante la CMNUCC y el CDB.
  • Su legado influyó en negociaciones posteriores sobre clima, biodiversidad, bosques y la Agenda 2030, además de fortalecer la diplomacia ambiental dentro y alrededor de las Naciones Unidas.

Organización y agenda de la Cumbre de la Tierra

La elección de Río de Janeiro como sede reflejó la creciente importancia de los países en desarrollo en los debates ambientales. Esos países defendían que la protección ambiental no podía separarse de la lucha contra la pobreza, la industrialización, la financiación y la transferencia de tecnología.

La conferencia se desarrolló en dos espacios principales. El Riocentro, en la Zona Oeste de Río de Janeiro, concentró las negociaciones oficiales entre delegaciones gubernamentales y fue adaptado con servicios de seguridad, prensa y atención médica. El Foro Global, en el Aterro do Flamengo, funcionó como espacio paralelo de participación de la sociedad civil, reuniendo a miles de organizaciones no gubernamentales, movimientos sociales, ambientalistas, líderes indígenas y otros grupos.

Uno de los objetivos centrales de la CNUMAD fue consolidar el concepto de desarrollo sostenible. La conferencia puso en la agenda temas como pobreza, cambio climático, biodiversidad, deforestación, preservación del agua, transportes alternativos, ecoturismo y reciclaje. Además, sus resultados incluyeron documentos, convenciones, principios orientadores y órganos de seguimiento, con una visión favorable a integrar crecimiento económico, justicia social y protección ambiental.

Antecedentes: de Estocolmo a Río 92

Los antecedentes históricos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo reflejan una evolución significativa en el pensamiento ambiental global. Hasta la década de 1970, la percepción predominante era que los recursos naturales eran inagotables y podían ser explotados indefinidamente para fomentar el crecimiento económico. Esa visión comenzó a ser cuestionada a medida que los impactos negativos de la industrialización y del uso descontrolado de recursos se hicieron evidentes.

El cambio de perspectiva respecto al medio ambiente y al desarrollo sostenible comenzó a ganar fuerza con la publicación del informe «Los límites del crecimiento» (Limits to Growth), en 1972. Este documento, también conocido como Informe Meadows, fue elaborado para el Club de Roma, un grupo de pensadores y líderes influyentes fundado en 1968. Alineado con el neomalthusianismo, argumentaba que el crecimiento económico continuo era insostenible si dependía de un consumo ilimitado de recursos naturales finitos.

Este debate sobre cómo equilibrar el crecimiento económico con la sostenibilidad llevó a la realización de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, en 1972, en Estocolmo, Suecia. La Conferencia de Estocolmo fue el primer gran encuentro de la ONU centrado en el medio ambiente y reveló un enfrentamiento entre dos visiones principales:

  • El preservacionismo, que defendía la intocabilidad de los recursos naturales, sosteniendo que deberían ser preservados incluso si esto implicaba limitar el crecimiento económico y poblacional.
  • El conservacionismo, que abogaba por el uso consciente y disciplinado de los recursos naturales, garantizando tanto el desarrollo humano como la conservación de la naturaleza.

Durante y después de la Conferencia de Estocolmo, también ganó espacio el concepto de ecodesarrollo, asociado a debates impulsados por figuras como Maurice Strong, secretario general de la conferencia. Esta idea proponía un modelo de desarrollo que tuviera en cuenta las necesidades ecológicas y ofreciera una alternativa a la explotación desenfrenada de los recursos naturales.

Tres hombres, dos de ellos sosteniendo certificados, posan para una foto. El hombre a la izquierda, un individuo negro vestido con un traje oscuro, sostiene un certificado cerrado. El hombre del medio, de ascendencia asiática y con gafas, sostiene un certificado abierto con el título «Only One Earth» y un logotipo del globo terráqueo. El hombre a la derecha, caucásico y de cabello claro, sostiene una carpeta mientras posa junto a los otros. Están en una sala con un cuadro al fondo.

El documento final de la Conferencia de Estocolmo, de 1972. Imagen de dominio público por UN Photo/Teddy Chen.

El avance posterior en la discusión sobre desarrollo sostenible llegó con la publicación del Informe Brundtland, en 1987, titulado «Nuestro futuro común». Este informe fue elaborado por la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, presidida por la noruega Gro Brundtland. Definió el desarrollo sostenible como aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades. Sus tres pilares fundamentales serían:

  • El crecimiento económico, o desarrollo.
  • La inclusión social, o justicia social.
  • La protección ambiental, o conservación de los recursos naturales.

Esta evolución preparó el terreno para la CNUMAD, realizada veinte años después de la Conferencia de Estocolmo.

Participantes de la CNUMAD

La CNUMAD fue un evento de proporciones históricas en términos de participación internacional. Reunió a representantes de más de 170 países, incluidos más de 100 jefes de Estado y de gobierno. Esta amplia participación dejaba claro el reconocimiento global de la urgencia de las cuestiones ambientales y de la necesidad de cooperación internacional.

Durante la conferencia, Brasil estuvo en el foco internacional no solo por ser el país anfitrión, sino también por el peso político de la Amazonía en el debate ambiental. En aquel momento, el país enfrentaba fuertes presiones por la deforestación y por el asesinato del activista Chico Mendes en 1988, que había dado visibilidad mundial a los conflictos ambientales y sociales en la región amazónica.

Brasil defendió que las cuestiones ambientales debían ser tratadas junto con el desarrollo sostenible, y no como una agenda separada de las necesidades económicas y sociales de los países en desarrollo. Esa posición contrastaba con enfoques más centrados en obligaciones ambientales estrictas sin garantías equivalentes de financiación, tecnología y desarrollo. La actuación brasileña en Río 92 dio al país una visibilidad importante en la diplomacia ambiental.

Además de los Estados, la CNUMAD contó con una participación sin precedentes de organizaciones internacionales y agencias regionales. Estas entidades proporcionaron datos, conocimientos técnicos y apoyo institucional para las negociaciones y para la formulación de políticas.

Las organizaciones no gubernamentales también tuvieron un papel destacado en la CNUMAD. Miles de ONG participaron en el Foro Global y en espacios paralelos, llevando al debate internacional las voces de comunidades locales, grupos indígenas, ambientalistas, movimientos sociales y otros actores que no siempre tenían acceso directo a las negociaciones entre Estados. Su presencia amplió el alcance político de la conferencia y presionó a los gobiernos para adoptar compromisos más firmes.

Resultados principales de la Cumbre de la Tierra

Los resultados de Río 92 combinaron principios generales, planes de acción, tratados ambientales y órganos de seguimiento. Ese conjunto se volvió fundamental para las políticas internacionales de sostenibilidad:

  • Declaración de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo: incluye 27 principios orientadores para el futuro del desarrollo sostenible. Su Principio Siete trata del concepto de «responsabilidades comunes, pero diferenciadas». Según este principio, aunque todos los países son responsables de la protección ambiental, los países desarrollados tienen una mayor obligación de liderar los esfuerzos globales debido a su mayor capacidad financiera y tecnológica y a su historial de mayor contaminación. Otro punto importante es el Principio Quince, que introduce la noción de precaución: la falta de certeza científica absoluta no debe ser utilizada como razón para posponer medidas capaces de prevenir daños ambientales graves o irreversibles.
  • Declaración de Principios sobre los Bosques: fue una declaración de intenciones relativa a la gestión, conservación y desarrollo sostenible de todos los tipos de bosques. Uno de sus aspectos destacados fue reconocer el derecho soberano de los Estados a utilizar sus propios recursos forestales, siempre que esa explotación no causara daños ambientales en áreas fuera de sus jurisdicciones.
  • Agenda 21: consiste en un plan de acción amplio, destinado a ser implementado a escala mundial, nacional y local, con el apoyo del sistema de las Naciones Unidas, los gobiernos y la sociedad civil. Contiene 40 capítulos y unas 2.500 recomendaciones en áreas como la lucha contra la pobreza, el cambio en los patrones de consumo, la protección de la salud humana y la gestión sostenible de los ecosistemas. Aunque no todas sus recomendaciones fueron implementadas, estableció una referencia para traducir el desarrollo sostenible en políticas públicas.
  • Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC): fue creada como base para la cooperación internacional frente al cambio climático. A partir de ella se realizan periódicamente las Conferencias de las Partes, o COP, en las que se han elaborado acuerdos internacionales como el Protocolo de Kioto, de 1997, y el Acuerdo de París, de 2015.
  • Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB): fue creado para promover la conservación de la diversidad biológica, el uso sostenible de sus componentes y la distribución justa y equitativa de los beneficios derivados de los recursos genéticos. También dio origen a una serie de conferencias de las partes sobre biodiversidad.
  • Comisión sobre Desarrollo Sostenible: siguiendo una recomendación de la Agenda 21, la Asamblea General de la ONU decidió crearla en diciembre de 1992 como una comisión funcional del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC). Su función principal era monitorear la implementación de los compromisos adoptados en Río 92 y mantener el desarrollo sostenible en la agenda internacional.

Legado de la CNUMAD

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo es considerada uno de los eventos más significativos en la historia de la política ambiental global. Su importancia está en haber consolidado la idea de que el crecimiento económico, la justicia social y la protección ambiental deben ser tratados como dimensiones interdependientes.

El legado de la CNUMAD fue político, jurídico e institucional. En primer lugar, ayudó a convertir el desarrollo sostenible en un concepto diplomático ampliamente aceptado. En segundo lugar, reforzó la idea de que los problemas ambientales exigen acción coordinada a escala local, nacional y mundial. En tercer lugar, dejó claro que los países desarrollados deberían apoyar a los demás en la transición a tecnologías más limpias y en la preservación de los ecosistemas, aunque los compromisos financieros no siempre se hayan cumplido.

La CNUMAD también sirvió como catalizador para el desarrollo de varios instrumentos ambientales relevantes, como la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, de 1994; el Protocolo de Nagoya sobre biodiversidad, de 2010; y el Acuerdo de París sobre cambio climático, de 2015.

La conferencia abrió el camino para futuros encuentros internacionales sobre desarrollo sostenible, incluyendo Río+10, realizada en Johannesburgo en 2002, y Río+20, realizada en Río de Janeiro en 2012. Estos encuentros buscaron renovar el compromiso con el desarrollo sostenible, evaluar avances y actualizar los debates iniciados en Río 92. El documento «El futuro que queremos», resultado de Río+20, por ejemplo, destacó la necesidad de una economía verde orientada al desarrollo sostenible.

Finalmente, la CNUMAD influyó en la formulación y reformulación de políticas nacionales y locales de sostenibilidad. Muchos países incorporaron principios discutidos en la conferencia en sus leyes, planes ambientales y estrategias de desarrollo, aunque la aplicación práctica de esos compromisos ha sido desigual.

El legado principal de Río 92 fue unir medio ambiente y desarrollo en una misma agenda internacional. Sus principios, planes y convenciones siguen influyendo en las negociaciones ambientales contemporáneas, incluso cuando la aplicación práctica de sus compromisos depende de decisiones políticas, financiación y capacidad institucional.