
El poder suele asociarse con la fuerza militar, pero las Relaciones Internacionales lo tratan como una capacidad más amplia. Foto de Somchai Kongkamsri.
En Relaciones Internacionales (RI), el poder es la capacidad de un actor para moldear lo que otros actores pueden hacer, quieren hacer o creen que deben hacer. Los Estados convierten recursos en influencia mediante fuerza, finanzas, instituciones y reputación. Sin embargo, ninguno de esos recursos es poder por sí solo. Una gran economía puede fracasar en política exterior si los gobernantes no logran movilizarla. La superioridad militar puede derrotar a un ejército sin crear un arreglo político estable. Un argumento jurídico respetado puede ayudar a un Estado pequeño en un foro internacional y tener poco efecto en otro.
Por eso, las RI tratan el poder como una relación entre actores. El mismo país puede ser poderoso en la guerra naval, vulnerable en los mercados energéticos, influyente en la financiación del desarrollo y marginal en una disputa regional donde los actores locales conocen mejor el terreno. El poder depende del actor, del tema, del público, de los instrumentos disponibles y del coste de la resistencia.
Definición de Poder en Relaciones Internacionales
El politólogo Robert Dahl formuló una definición clásica: A tiene poder sobre B cuando consigue que B haga algo que no habría hecho de otro modo. La definición es útil porque vuelve relacional el concepto. Pregunta quién influye sobre quién, en qué asunto y con qué resultado.
No obstante, esa definición también muestra un problema de medición. En la política real, los analistas rara vez saben con certeza qué habría hecho B sin la presión, la promesa o la persuasión de A. Si un gobierno acepta una concesión comercial después de una amenaza de sanciones, tal vez la amenaza funcionó. Tal vez el gobierno ya buscaba un acuerdo. Tal vez los grupos empresariales internos pesaron más que la amenaza externa. Por ello, las RI suelen distinguir entre poder y éxito visible. El poder es la capacidad de afectar resultados; la influencia es el efecto observado en un caso concreto.
El poder tiene al menos tres dimensiones prácticas:
- Alcance: el área temática en la que un actor ejerce influencia, como defensa, finanzas, comercio, tecnología, migración o política climática.
- Dominio: los actores sobre los cuales se ejerce esa influencia, como aliados, rivales, clientes dependientes, empresas, votantes u organizaciones internacionales.
- Coste: el precio que el actor paga para obtener cumplimiento, sea en dinero, legitimidad, pérdidas militares, capital diplomático o apoyo interno.
Estas distinciones evitan un error común: tratar a un Estado como poderoso o débil en abstracto. Por ejemplo, un Estado puede disuadir una invasión y, al mismo tiempo, ser incapaz de estabilizar su moneda. Puede dominar una organización regional y tener poco margen dentro de las Naciones Unidas. Puede atraer estudiantes y turistas extranjeros, pero no convencer a sus vecinos en cuestiones de seguridad. Por tanto, el poder debe analizarse mediante mecanismos concretos.
Recursos y Capacidad Estatal
Aunque el poder empieza con recursos, estos deben pasar por el Estado antes de resultar en influencia exterior. Por ejemplo, un gobierno necesita personas que puedan ser gravadas, reclutadas, entrenadas y protegidas. Necesita un territorio que pueda gobernarse, abastecerse y defenderse. Necesita una industria capaz de producir bienes civiles en tiempos normales y equipos militares durante las crisis. También necesita instituciones capaces de convertir órdenes en resultados. Los ministerios ejecutan políticas. Los tribunales reducen la incertidumbre. Los servicios de inteligencia informan decisiones. Los diplomáticos mantienen canales abiertos antes de que una crisis se convierta en guerra.
El tamaño de la economía es uno de los puntos de partida más claros para determinar el poder. En PIB corriente, los datos del Banco Mundial sitúan a Estados Unidos y China muy por encima de las demás economías nacionales. Esa escala les da bases fiscales amplias, mercados de capitales profundos y palancas sobre empresas que necesitan acceder a sus consumidores o proveedores. El gasto militar es otro indicador visible. Según el SIPRI, el gasto militar mundial alcanzó cerca de 2,7 billones de dólares en 2024, y Estados Unidos, China y Rusia siguieron en el centro de esa distribución de recursos militares.
Con todo, las cifras económicas y militares miden insumos, no resultados. La eficacia militar exige logística y doctrina. También depende de adquisiciones, entrenamiento, liderazgo político y apoyo público sostenido. Sin esos canales, el PIB y el gasto militar pueden seguir siendo números impresionantes sin producir la influencia esperada.
La Segunda Guerra Mundial muestra cómo los recursos económicos pueden transformarse en poder militar. El ataque japonés a Pearl Harbor produjo un shock táctico y ayudó a Japón a expandirse por partes de Asia y el Pacífico. Sin embargo, Estados Unidos tenía una base industrial mucho más profunda, mayores reservas de combustible y más capacidad para fabricar buques, aviones y armas a gran escala. Cuando Washington movilizó esos recursos, Japón no pudo seguir el ritmo de la producción y la logística estadounidenses. El ejemplo muestra que el tamaño de la economía se vuelve útil estratégicamente cuando el Estado consigue organizarlo para un objetivo concreto.
La intervención de 2011 en Libia muestra el límite de esa lógica. Durante la guerra civil libia, el poder aéreo de la OTAN ayudó a las fuerzas contrarias a Gadafi a derrotar al régimen. Ese resultado militar cambió el equilibrio en el campo de batalla, mientras la política libia de posguerra quedó en manos de grupos armados y autoridades rivales. Las armas siguieron circulando, autoridades rivales disputaron el control del país y la inestabilidad alcanzó zonas vecinas. El poder aéreo ayudó a destruir la ventaja militar del régimen. La etapa posterior exigía instituciones capaces de desarmar combatientes, unificar la autoridad e imponer orden después de la caída de Gadafi.
La geografía también afecta el modo en que los recursos se vuelven poder. Un Estado costero con grandes puertos puede mover mercancías y fuerzas militares de un modo distinto a un Estado sin litoral y con infraestructura débil. Un país situado cerca de aliados puede recibir apoyo con más facilidad que otro rodeado de vecinos hostiles. La ubicación cambia los costes de proyectar fuerza, mover mercancías y proteger líneas de suministro. Por eso los estrechos marítimos, las rutas árticas, los oleoductos de Asia Central y las cadenas de islas del Pacífico aparecen con frecuencia en debates geopolíticos.
Cómo Opera el Poder
El poder funciona mediante varios mecanismos. Michael Barnett y Raymond Duvall sostienen que las RI deben observar más que el control directo sobre el comportamiento de otro actor. Ese enfoque muestra cómo la influencia puede ocurrir mediante presión inmediata, reglas institucionales, posiciones sociales y producción de ideas. Barnett y Duvall llaman a estas formas poder compulsivo, institucional, estructural y productivo.
El mecanismo más visible de poder ocurre cuando un Estado ejerce control directo sobre otro. Esto puede suceder mediante sanciones, subsidios, despliegues de tropas o promesas de protección. En cada caso, el objetivo enfrenta un conjunto distinto de costes y beneficios. Ese es el lenguaje común de la disuasión, la diplomacia coercitiva y la negociación.
Un segundo mecanismo opera mediante instituciones. Los Estados influyen a menudo en los resultados al moldear reglas, procedimientos y arreglos de votación antes de que una disputa llegue a la decisión final. Un país que ayuda a diseñar reglas comerciales, estándares financieros o mandatos de seguridad puede afectar decisiones posteriores sin emitir una nueva amenaza en cada episodio. El poder institucional es menos teatral que la presión militar, pero puede ser más duradero.
Un tercer mecanismo opera por posición estructural. Algunos actores ocupan puntos centrales en sistemas financieros, cadenas de suministro, redes energéticas o alianzas de seguridad. Esa posición genera influencia porque otros dependen del acceso. El emisor de una moneda de reserva, un gran proveedor de semiconductores, un garante regional de seguridad o un controlador de rutas marítimas puede influir en otros sin un enfrentamiento público constante.
Un cuarto mecanismo opera mediante ideas y categorías. Palabras como "terrorismo", "autodeterminación" y "soberanía" pueden alterar qué reclamos parecen legítimos y qué políticas parecen inaceptables. Así, el poder también puede operar mediante el lenguaje con el que los actores entienden un problema.
Principales Tipos de Poder
Hard power o poder duro
El hard power, o poder duro, usa coerción, amenazas o pagos para cambiar el comportamiento de otro actor. Un Estado lo ejerce cuando altera el coste de cumplir o resistir. Una amenaza creíble puede disuadir un ataque. Un paquete de sanciones puede presionar a un gobierno sin disparos. Una promesa de protección militar puede persuadir a un aliado de aceptar una política que rechazaría en otras circunstancias. Por tanto, el poder duro va más allá de la guerra, aunque la fuerza militar siga siendo su forma más visible.
El poder duro es fácil de ver porque deja rastros visibles. Los despliegues de tropas, los programas de armamento y las listas de sanciones vuelven observable la capacidad coercitiva. También es fácil sobreestimarlo. La coerción puede producir cumplimiento, resistencia, evasión o reacción nacionalista. Una amenaza sin credibilidad puede debilitar a quien la formula. Una victoria militar puede crear costes de ocupación o fragmentación política. El poder duro funciona mejor cuando el objetivo es limitado, la amenaza es creíble y el destinatario entiende qué requeriría el cumplimiento.
Poder económico
El poder económico merece atención separada porque puede operar como coerción, incentivo o influencia estructural. Una gran economía atrae socios cuando empresas y gobiernos necesitan acceso a sus consumidores, su capital y su tecnología. La misma economía puede ejercer presión cuando restringe mercados, energía, financiación o tecnologías estratégicas.
El mismo instrumento puede producir efectos distintos según el destinatario. Las sanciones pueden dañar una economía sin cambiar la conducta del liderazgo. Los préstamos para el desarrollo pueden generar influencia cuando resuelven un problema real de financiación, pero también pueden despertar sospechas si parecen comprometer la soberanía. Los controles de exportación pueden retrasar el acceso de un adversario a una tecnología y, al mismo tiempo, incentivarlo a crear sustitutos. Por eso, el poder económico es más fuerte cuando parte de una evaluación realista de la dependencia, las alternativas y los incentivos políticos dentro del país objetivo.
Soft power o poder blando
El soft power, o poder blando, es la capacidad de obtener resultados preferidos mediante atracción y persuasión, en lugar de coerción o pago. Joseph Nye creó y desarrolló el concepto para explicar por qué la influencia estadounidense no podía medirse solo por tropas, armas y PIB. Un país gana este tipo de influencia cuando su cultura circula bien, sus valores políticos parecen creíbles, sus universidades y científicos despiertan respeto, y su política exterior es vista como legítima por otros actores.
El poder blando depende de la credibilidad. Un país puede gastar mucho en promoción cultural y aun así perder influencia si su conducta contradice su mensaje. Las universidades y comunidades científicas pueden generar atracción incluso cuando el gobierno no gestiona deliberadamente ese proceso. Los tribunales, las empresas y la sociedad civil pueden hacer lo mismo. Como el poder blando suele ser más lento que la coerción, su valor está en reducir el coste de la cooperación cuando otros actores llegan a ver una política, institución o alianza como deseable.
Smart power o poder inteligente
El smart power, o poder inteligente, es la combinación deliberada de poder duro y poder blando. El concepto está asociado con Nye y con debates posteriores sobre cómo alinear fuerza, diplomacia, instituciones y legitimidad. Una estrategia de poder inteligente ajusta las herramientas al objetivo político, en lugar de tratar todos los instrumentos como útiles en cualquier situación.
Por ejemplo, una estrategia antiterrorista puede combinar cooperación de inteligencia con capacidad policial y controles financieros. La presión militar aún puede ser necesaria, pero opera de otro modo cuando las comunidades locales también participan. Una estrategia climática puede requerir financiación tecnológica, reglas comerciales, negociación diplomática y credibilidad interna. En ambos casos, la coerción aislada sería demasiado estrecha, mientras que la persuasión sin recursos sería demasiado débil. El poder inteligente pregunta si los instrumentos se refuerzan o se debilitan entre sí.
Sharp power o poder cortante
El sharp power, o poder cortante, describe operaciones de influencia que manipulan el entorno informativo de otra sociedad. El término fue desarrollado por Christopher Walker y Jessica Ludwig en estudios sobre influencia autoritaria, sobre todo de China y Rusia. Se refiere a presiones de censura, propaganda encubierta, intimidación, desinformación y manipulación de espacios abiertos de medios o academia.
El poder cortante se apoya en manipulación, no en atracción. Oculta patrocinio, restringe el debate o explota la apertura de sociedades objetivo mientras niega una apertura comparable en casa. El concepto es útil cuando identifica prácticas concretas. Se debilita cuando se usa como etiqueta vaga para cualquier narrativa extranjera que disguste a un gobierno.
Collaborative power o poder colaborativo
El collaborative power, o poder colaborativo, es la capacidad de lograr resultados mediante redes que ningún actor aislado controla por sí solo. Anne-Marie Slaughter usa el concepto para describir la influencia que surge cuando actores públicos y privados se coordinan a través de fronteras.
Este tipo de poder aparece cuando muchos actores deben coordinarse bajo presión. La ayuda humanitaria y las campañas de salud pública funcionan a menudo de ese modo. Las iniciativas climáticas, las redes anticorrupción y las movilizaciones en línea también pueden depender de la acción en red. Un gobierno puede facilitar la red sin mandarla. El poder colaborativo obtiene fuerza de la escala, la velocidad y el conocimiento distribuido. Su debilidad está en la coordinación: las redes pueden movilizarse rápidamente y aun así fracasar al tomar decisiones vinculantes, repartir responsabilidades o sostener la atención cuando una crisis pierde visibilidad.
Cómo Medir el Poder
El poder se mide mediante indicadores aproximados, porque no puede observarse directamente. Los analistas suelen empezar por el tamaño económico y el gasto militar. Luego preguntan si el Estado tiene personas, tecnología, alianzas e instituciones suficientes para convertir esas cifras en influencia. Cada indicador captura una parte del panorama.
Hay varias trampas en este modo de medir el poder. Primero, los recursos absolutos pueden engañar cuando la pregunta relevante es la posición relativa. Un aumento militar altera menos el equilibrio cuando los vecinos también se están armando. Segundo, los totales nacionales pueden ocultar debilidades internas. Un Estado puede tener un PIB grande y sufrir mala logística, corrupción, presión demográfica o fragmentación política. Tercero, las reputaciones pasadas pueden desgastarse. Un compromiso de alianza, una moneda, un sistema jurídico o una amenaza militar pierden valor cuando otros actores dejan de creer en ellos.
El poder opera bajo incertidumbre. Los objetivos se adaptan, los aliados negocian, los públicos reaccionan y los acontecimientos inesperados alteran los planes. Por eso, los Estados poderosos a veces fracasan, y los Estados más débiles a veces resisten la presión. El estudio del poder pregunta qué actor puede moldear qué resultado, mediante qué mecanismo, a qué coste y bajo qué restricciones.
Conclusión
En Relaciones Internacionales, el poder es la capacidad de moldear comportamientos, decisiones y condiciones en un mundo sin gobierno central. Se apoya en recursos, pero solo se vuelve políticamente significativo cuando esos recursos resultan en influencia. La fuerza militar y la escala económica ayudan en ese proceso. Las instituciones, la geografía, la legitimidad, las ideas y las redes también afectan el modo en que los recursos se vuelven poder.
Las etiquetas usadas por los académicos de RI ayudan a separar mecanismos que a menudo se confunden. El poder duro coacciona o paga. El poder económico usa mercados y dependencias. El poder blando atrae. El poder inteligente combina instrumentos. El poder cortante manipula espacios informativos. El poder colaborativo opera mediante redes. Un buen análisis pregunta qué mecanismo está funcionando, por qué el objetivo es vulnerable a él y si el resultado puede sostenerse después del primer éxito.